En un mundo donde las potencias económicas levantan barreras arancelarias, Chile enfrenta un desafío monumental. El resurgimiento del proteccionismo global amenaza directamente nuestro modelo exportador, demostrando que cerrar las fronteras al libre comercio solo genera pobreza, escasez y pérdida de oportunidades para las naciones pequeñas.
Durante las últimas décadas, el pilar fundamental del crecimiento económico de Chile ha sido su exitosa integración en los mercados internacionales. Al adoptar unilateralmente una política de apertura, nuestro país logró superar su estancamiento y multiplicó la riqueza de sus ciudadanos. Sin embargo, el actual escenario de geopolítica económica muestra un oscuro retroceso: las grandes potencias mundiales están abandonando el libre mercado para enfrascarse en guerras comerciales impulsadas por el destructivo proteccionismo global.
Esta tendencia aislacionista, justificada bajo falsas proclamas de soberanía y defensa de la industria local, es un asalto a la libertad. Cuando un gobierno impone aranceles de importación o establece cuotas restrictivas, obliga a sus ciudadanos a pagar precios artificialmente elevados por bienes de peor calidad. Desde la óptica de la Escuela Austriaca, sabemos que estas medidas destruyen el cálculo económico y la eficiente división internacional del trabajo, forzando una asignación de recursos irracional dictada por la pura conveniencia política.
Para una economía abierta como la de Chile, el impacto de este retroceso es una amenaza existencial. Nuestras exportaciones dependen vitalmente de que exista un flujo comercial sin trabas gubernamentales. Si nuestros socios comerciales deciden blindar arbitrariamente sus fronteras, la demanda por nuestros productos cae de manera abrupta. Esto se traduce en una dolorosa destrucción de empleos productivos, la paralización de la inversión privada y una severa contracción en la entrada de divisas que sostienen nuestra frágil estabilidad macroeconómica.
Debemos desmentir la ilusión de que responder al proteccionismo extranjero levantando nuestras propias barreras arancelarias sea una estrategia inteligente. El libre comercio es siempre beneficioso, incluso de forma unilateral. Iniciar una guerra de represalias comerciales solo lograría encarecer el costo de vida de las familias chilenas más vulnerables, castigando el ahorro real y protegiendo a empresarios ineficientes que temen competir. El cierre comercial es el preludio seguro de la pobreza estructural y el aislamiento.

EL PROTECCIONISMO ES UN IMPUESTO A LA LIBERTAD.
Frente a la actual amenaza que representa el resurgimiento del aislacionismo global, Chile no puede permitirse retroceder. Ceder ante las tentaciones de proteger a industrias ineficientes mediante subsidios estatales o aranceles punitivos sería un trágico error histórico que pagaríamos con mayor miseria. Es absolutamente vital que reafirmemos nuestro compromiso innegociable con el libre comercio. Debemos rechazar con valentía cualquier medida proteccionista, profundizar nuestra apertura unilateral hacia el mundo y defender la libertad económica internacional como el único motor capaz de garantizar el bienestar y la prosperidad de nuestra nación.




